Blog de Alberto Rodríguez Villarreal

Quiero votar todo y no morir en el intento: soy equidistante

Con este título reafirmo mi posición. Soy equidistante sí, concepto que aunque no me gusta mucho, ha sido muy utilizado estas últimas semanas para definir a los que ni estamos por la independencia de Cataluña, ni por esa unidad pétrea de una España que parece intocable, sagrada y anclada en el tiempo…

Pero quiero poder decidir, sí. Quiero que el President de la Generalitat y el Presidente del Gobierno se sienten entorno a una mesa, o en un sofá (de esos de piel, que se ven cuando dos mandatorios se reúnen) y que hablen. No voté a ninguno de los dos, pero me representan, así es la Democracia, que es mucho más que una urna. Quiero que hablen, que discutan y que lleguen a algún punto de acuerdo. Y si uno no quiere escuchar al otro, pues que el otro no se vaya de su palacio de gobierno hasta que el uno lo reciba. Quiero que hagan un reset y acto seguido, hagan una declaración conjunta que nos haga pensar a los ciudadanos y ciudadanas de este país, estado o nación, que la política sigue siendo la única manera de convencer al otro, al que no piensa como tú, que sigo siendo el arte más puro de acercar posturas y llegar al entendimiento humano, y que por encima de todo, sigue siendo el mayor espacio público para defender los intereses colectivos, los de todos y todas, no sólo los de las partes…

Estamos a dos días de un referéndum fallido. Fallido para sus organizadores y fallido para los que lo han reprimido, respondiendo con la fuerza de una justicia que no siempre es igual para todos y no siempre es tan veloz. Es la clara demostración de que cuando se quiere atajar un problema público, la pesada maquinaria del Estado de Derecho actúa rompiendo la barrera del sonido... Pero la solución ni es judicial ni policial, sólo es política.

Y medio de todo está la gente, mejor dicho, las gentes. Los que aspiran legítimamente y con ilusión a tener un Estat propi, y los que despiertan de nuevo con aquello de la España grande y libre al albur de los acontecimientos. Y entre esas gentes, nos encontramos otro de tipo de gentes que lo único que pedimos es que se abra un nuevo espacio y tiempo para el diálogo, el acuerdo, el pacto y el consenso. Algo similar a aquello que supuso la Transición y que nos han explicado tantas y tantas veces, pero eso sí, con nuevos referentes. Los que vivieron aquella Transición de la Dictadura a la Democracia de manera activa, no deberían ser ahora los protagonistas y no digo con esto que no deban estar o decir la suya, pero posiblemente desde posturas no vinculantes. Aquellos de la Transición, también han mutado en estos 40 años hacia procesos de transición personal, y ya no representan lo que representaron. El mayor bien que le haríamos a aquella Transición sería reconocer que ésta no acabó a principios de los 80's, tras el 23-F, sino que su espíritu sigue vivo y que vivimos en transición constante, por lo que las nuevas generaciones también deben poder opinar y decidir sobre su espacio y tiempo. Y es que sentirse "protagonista" hace querer las cosas.

Interlocutores nuevos, si es preciso, ayuda internacional para conseguir el acuerdo, mediación, amplitud de miras, caída de prejuicios y libertad total de planteamientos, para conseguir de una vez por todas, reformular leyes y reglas de convivencia, de reconocimiento mútuo de las diferencias y las idiosincrasias, de las particulares y las colectivas. Queda mucho camino por recorrer en este sentido, y entre el Estado de las Autonomías y los planteamientos legítimos de independencia de alguno de sus territorios, quedan estadios que nunca fueron agotados o superados. Probemos con la fórmula federal, pero de verdad, fraternal, respetuosa, ambiciosa. Por pura lógica. No sé, empecemos por que un diputado catalán pueda hablar en catalán (también uno vasco en euskera, o un gallego en galego) desde el estrado de las Cortes Generales. Recordemos, hoy no es posible...

La Independencia de uno no es la mía, la España del otro tampoco es la mía. Quiero votar. Y quiero votar con garantías. Quiero votar si Cataluña sigue en España o no, con argumentos sólidos tanto para el sí como para el no. Quiero votar si queremos tener Rey o ser una república federal (este tema algún día se deberá abordar). Quiero votar si acogemos a refugiados en nuestro territorio, si “rescatamos” a la banca de sus excesos con el dinero de todos y todas o si debemos invertir más en ferrocarril de cercanías y menos en alta velocidad.

Lo fijo Francino el otro día: “no maten al equidistante”. Quiero votar todo y no morir en el intento, o que no me maten por ello...


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