Blog de Alberto Rodríguez Villarreal

Un otoño diferente o no tanto...


Dentro de unos días se acabará el verano oficialmente, y digo oficialmente porque preveo un otoño de esos calurosos hasta las puertas del invierno... Al margen de cuestiones meteorológicas, con el otoño vuelve el curso escolar y el curso político.

El primero bien, como cada año, incluso necesario para apaciguar a esas “fierecillas” que viven en nuestras casas y que como cada final de verano, están del todo desmadradas y requieren por ello, volver a la vida normal, abandonando esas largas semanas de asueto.

El segundo, ya veremos. El curso político empieza cargadito de incógnitas, algunas de las cuales empiezan o se despejarán en breve. En el ámbito local, es el inicio del último curso del presente mandato de gobierno. Toca empezar a cerrar gestión, acabar obras, programas, proyectos e iniciar un largo proceso de redacción de programas y propuestas electorales para los próximos cuatro años. En la próxima primavera tendremos la campaña y las elecciones municipales, donde elegiremos a nuestros Alcaldes y Alcaldesas (con el sistema vigente, o con el “pucherazo” de regeneración democrática que propone un Rajoy y un Partido Popular nerviosos, ante la posible pérdida de ayuntamientos y capitales de provincia y peso político local…). Seguiremos éste tema con atención.

En el ámbito catalán, estamos a dos meses del 9 de noviembre. Yo personalmente estoy convencido de que hay vida tras esa fecha, y que estaremos más o menos igual que hoy. Bueno, corrijo, buena parte de la sociedad civil catalana se sentirá frustrada (nuevamente), engañada y desorientada, tras ver que su President pueda desistir de convocar la consulta, por no tener vía legal, e incluso si el jefe de ERC sigue propagando en los medios que la independencia no es la solución a los problemas sino sólo una oportunidad tras más de 80 años defendiendo ese postulado… en cualquier caso, pase lo que pase, y acabe como acabe, el otoño para los/las catalanes/as se presenta bochornoso, por la temperatura y humedad previsible y por la frivolidad con las que algunos han pretendido llevarnos a un callejón sin salida. 

De momento, empecemos a contemplar el bello y efímero espectáculo de las aceras cubiertas por la caída de las hojas. Éso es lo que nos permitirá no perder la realidad de vista. 

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